La Leyenda de los Guayacanes de Mangahurco

Dedicamos una historia creada por nosotros sobre el florecimiento de los Guayacanes en Mangahurco. El comienzo de lo que llamamos El Bosque Dorado del Ecuador. Incluimos datos reales, nombres inventados y otros elementos para crear un pequeño cuento.

 

 

La leyenda cuenta que en la etapa joven de la Tierra, cuando todo se estaba formando y las temperaturas estaban por arriba de las que hoy conocemos, había un enorme lago de oro derretido, llamado Chrysanthius. Este, con el tiempo y con el incremento de calor, empezó a evaporarse. El proceso duró miles de años y logró convertir el oro líquido en nubes doradas en el cielo. En una larga noche de tormenta, de relámpagos azules y plateados, la lluvia de oro cayó sobre un área vacía y abierta, conocida en tiempos antiguos como Orecilia, ahora lleva su nombre en Quichua: Mangahurco, que significa olla rodeada de cerros.

Se dice que la lluvia de este elemento, escaso y limitado en el planeta, cayó en Orecilia en forma de semillas para que crezcan los Guayacanes, un regalo del cielo. Los primeros árboles crecieron lentamente, luchando contra los cambios en el asentamiento del Planeta: se hicieron fuertes, peleando contra largas temporadas secas y contra 2 fuerzas y creadores de mundos: Arianos y Flamentio, la escasez y el calor. La pelea duró siglos, el oro de sus raíces hacía de los Guayacanes un rival peligroso, además su número incrementaba y nuevas generaciones de árboles crecían para unirse a la batalla. Se dice que sus troncos y ramas brillaban intensamente y que siempre florecían, sus pétalos eran sus armas más eficaces, sus flores se convertían en minas de oro que eran arrojadas al dúo en pelea.

 

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Fuente: Ministerio de Turismo del Ecuador

 

Llegó un momento en que el número de los Guayacanes fue demasiado para Arianos y Flamentio, así que decidieron retirarse. Pero antes, lanzarían una maldición a los Guayacanes: vivirán por siempre completamente dorados, a la vista de los próximos habitantes del planeta que los mirarán con codicia y los exterminarán por su elemento.

Por millones de años los Guayacanes de Mangahurco estuvieron tranquilos, sobrevivieron a los dinosaurios, que mucho interés no les dieron. Fue diferente con la llegada y aparición de un ser que ellos llamaron Tioros, seres que pensaron habían sido enviados por Arianos y Flamentio. Esta nueva población, integrada por lo que ahora los conocemos como humanos, vieron inmediatamente la riqueza en este bosque y empezaron a minarlo. Fundiendo todo para convertirlo en objetos preciados, y decorar construcciones. Sin medios para defenderse contra la plaga, los Guayacanes vieron caer a sus hermanos y hermanas uno tras otro.

 

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Fuente: Ministerio de Turismo del Ecuador

 

Los humanos, impulsados por la codicia, destruyeron gran parte del territorio habitado por los árboles dorados. Sus flores y minas gigantes no eran suficientes para repeler el ataque, su extinción parecía inevitable. Y fue un momento de salvación donde Aletheia apareció, la más sabia entre las fuerzas y los creadores, levantó el hechizo de Arianos y Flamentio y convirtió a los Guayacanes en árboles secos y sin hojas para engañar a los humanos de que el oro había desaparecido. El bosque dorado parecía un cementerio de cuerpos secos, los humanos perdieron el interés en pocos meses y se fueron. Pero lo que Aletheia hizo fue reducir el tiempo de florecimiento: sus miles de flores amarillas aparecerán por 7 días al año, un número que representa la pelea de los 7 siglos contra Arianos y Flamentio, el enfrentamiento conocido como la Guerra de los Siglos de Oro

 

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Fuente: Ministerio de Turismo del Ecuador

 

Ahora el Bosque Dorado del Ecuador, Mangahurco, sobrevive. Aún nos deleita con sus paisajes amarillos y lucha contra los humanos ya no por sus flores doradas, sino por su madera. Los Guayacanes nos recuerdan el resto del año que la codicia es oscura y deja daños permanentes.

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